La capilla está pensada desnuda, sin luz artificial, como un lugar en donde la relación espacial exterior-interior determina su atención, su sentido: solamente una cruz y una imagen en el punto focal refuerzan los aspectos simbólicos que conlleva el proyecto. Al plantear un pliegue en la caja -en la "boite" lecorbusierana- surge un único material: hormigón dorado, capaz de capturar todos los matices exigidos al volumen: desde atrapar la luz directa, que irrumpe como un plano más en la composición del espacio, hasta transmitir el aroma inestable y coloreado del alba. La luz se somete así al papel de un segundo material de la Capilla: un material, en contraposición al hormigón, frágil, cambiante, móvil e inestable, que domina o se desvanece.
Fuente: arqa.com




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